García Lorca en Córdoba

Federico García Lorca, Margarita Xirgú y Cipriano Riva, en el estreno de ‘Yerma’ en 1934. – CÓRDOBA

Esta misma madrugada, hace 81 años, mataron al poeta. A la ciudad «lejana y sola» viajó por última vez en la primavera del 36, y no pudo cumplir el encargo que le hizo Juan Bernier
«García Lorca mantuvo una estrecha relación con Córdoba, no solo a través de uno de sus grandes amigos, José María Alvariño, sino por la admiración que profesaba el poeta hacia la ciudad». Lo explica Francisco Expósito, redactor de Diario CÓRDOBA y doctor en Periodismo, en una tesis dedicada a Fernando Vázquez Ocaña, gran amigo del granadino. Este periodista y político de Baena (1898-1966) apunta en Lorca. Vida, Cántico y Muerte «el primer intento de integración de la vida y la obra del poeta» en un libro que escribe desde el dolor y el destierro de su exilio mexicano en 1957. Precisamente este año, el Grupo Amador de los Ríos editará, junto a la Fundación Lorca, esta obra de Vázquez Ocaña, a quien Ian Gibson calificó como «uno de los primeros biógrafos del poeta universal» y «el primero en descubrir el carácter sexual que había detrás de algunos de sus poemas», comenta Francisco Expósito.

Antonio Ramos, quien fuera director de esta casa, rastreó también en su libro García Lorca en Córdoba la huella que el autor del Romancero gitano dejó en la ciudad y la provincia. Así, recuerda su primer viaje, siendo aún un estudiante, en 1916, junto al profesor Martín Domínguez Berrueta y otros compañeros; y años más tarde, entre 1925 y 1926, cuando regresó a la ciudad para preparar su conferencia con motivo del tercer centenario de la muerte de Góngora. Esa conferencia, que apunta Expósito pronunció en la Residencia de Estudiantes de Madrid, «la terminó hablando de Córdoba como la ciudad más melancólica de Andalucía».

Poco después, Lorca regresa a Córdoba en 1934 a un encuentro de poetas entre los que, además de su amigo Vázquez Ocaña, estuvieron presentes Garfias, Aleixandre, Rejano, Prados y Altolaguirre. Poco después, el 24 de agosto de 1935 viajará a Fuente Obejuna, donde se celebraba el tercer centenario de la muerte de Lope de Vega, para asistir a la representación de Fuenteovejuna, interpretada por la gran Margarita Xirgu. A la mañana siguiente, el periodista baenense, junto a otros amigos de la ciudad, acompañó a García Lorca por Córdoba. En su libro, Vázquez Ocaña describirá «con minuciosidad» la visita de García Lorca a Córdoba y «remarcaría la permanente presencia del tema de la muerte en las disertaciones del poeta y sus grandes cambios de ánimo, que pasaba de una gran tristeza al entusiasmo, y del debate serio al comentario ingenioso».

Córdoba también está presente en la obra del poeta universal. En Poemas del cante jondo plasma sus famosos versos: «Córdoba,/lejana y sola/¡Ay qué camino tan largo!/¡Ay mi jaca valerosa!/¡Ay que la muerte me espera/antes de llegar a Córdoba!»

Antonio Ramos hace referencia al último viaje de Federico a Córdoba, en la primavera de 1936. «Federico estaba en el hotel Regina con su amigo Alvariño cuando llegó Juan Bernier junto con otros poetas cordobeses -Juan García Lara, Juan Ugart y José María de Ciria-, que le pidieron una colaboración para la revista Ardor. Pero Federico no pudo enviar, por la premura de tiempo, esa colaboración. Fue su último contacto con Córdoba. De aquellos cinco poetas que estuvieron con Federico, Alvariño más los cuatro que fueron a pedirle la colaboración literaria, tan sólo Juan Bernier sobrevivió para sentir directamente las muertes brutales de sus amigos. El ardor literario de aquellas jóvenes promesas quedó brutalmente segado por la barbarie de una guerra».

Irina Marzo.

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