Adiós al matadero

Rafael Capilla, uno de los antiguos empleados, delante del edificio que fue el matadero. - EVA M. HERAS

Rafael Capilla, uno de los antiguos empleados, delante del edificio que fue el matadero. – EVA M. HERAS

El cierre de Carnes Estellés dejó en paro en Fuente Obejuna a 250 trabajadores, lo que supuso un fuerte golpe para la economía del municipio, tras sufrir largas negociaciones y manifestaciones

El sábado 19 de mayo de 1990, y a través de su director gerente, los trabajadores de Cárnicas Estellés conocen el cierre de la que hasta ese momento era su empresa. Diario CÓRDOBA se hace eco de la noticia al día siguiente y subraya que Cárnicas Estellés «es muy importante para la economía local», debido a que «son muchas las familias que se verán afectadas por la medida».

Atrás quedaban negociaciones, manifestaciones y concentraciones para intentar no llegar a una situación que se justificó entonces por motivos financieros, culpables de la ausencia de animales destinados a sacrificio, razón rechazada por el comité de empresa, que sí consideraba rentable el matadero. El director gerente alegaba como motivo de la extinción de la firma la reducción de plantilla.

La empresa abría sus puertas en marzo de 1976 y, en el momento de su cierre, empleaba a 250 trabajadores de Fuente Obejuna y de varias localidades de Extremadura, a los que había que sumar otro medio centenar entre vendedores y repartidores. El 20 de octubre de 1991, un centenar de empleados deciden fundar una Sociedad Anónima Laboral (SAL), que funciona hasta junio de 1998.

La experiencia y la alta cualificación de los ya extrabajadores de Cárnicas Estellés hacen que sean requeridos por empresas del sector, donde algunos incluso continúan en la actualidad. Ello también provoca, en algunos casos, que tengan que dejar Fuente Obejuna y fijar su residencia en otras ciudades. Uno de estos empleados fue Rafael Capilla Capilla, camionero durante 14 años y secretario del comité de empresa. Capilla recuerda que durante esos duros momentos se sintieron «fatal», debido a que «el matadero suponía el 67% de la economía de Fuente Obejuna». Además, no olvida que «los trabajadores debían amortizar 11.000.000 de pesetas a las entidades bancarias, en concepto de préstamos para la adquisición de viviendas, automóviles…». Respecto a la repercusión en el CÓRDOBA, Rafael Capilla destaca que «se portaron muy bien. Se interesaron por nosotros».

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