Vivir con ilusión

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Tras su jubilación, la religiosa ha decidido continuar ayudando en el cuidado de los mayores de la residencia de Fuente Obejuna

«A los años hay que echarles vida, hay que echarles ilusión». Este es el consejo ofrecido por sor Josefa, que ha sido hasta hace unos meses directora de la residencia de ancianos Los Angeles, de Fuente Obejuna. Y tanta ilusión es la tiene la religiosa que, a pesar de su jubilación, ha decidido quedarse en el pueblo para continuar ayudando en el centro. «Soy feliz, estoy a gusto», afirma.

Sor Josefa pertenece a la congregación religiosa de las Hermanas de la Presentación de María y llegó en 1993, procedente de la ciudad toledana de Recas. Un año más tarde fue nombrada directora de la residencia, que en esos momentos cuenta con seis monjas y medio centenar de ancianos, planteándose como objetivo «el bienestar de los mayores, que la casa esté acogedora para que ellos estén a gusto y bien asistidos». Por ello, nunca dudó en llamar continuamente a las puertas de cuantas entidades e instituciones hiciera falta y, de esta forma, logró que entre los años 1999 y 2000 se realizara una importantísima reforma en las instalaciones «para concertar plazas con la Junta de Andalucía», uno de los logros que, confiesa, más le ha costado y que la hermana agradece: «El concierto de las plazas supone un empujón económico muy bueno», reconoce. Preocupada siempre por los residentes, gestó el Día del Anciano, «gracias al que venían hijos desde Barcelona o Madrid a cenar con sus padres», debido a que entre los familiares «hay de todo, algunos les dan mucho cariño a sus padres, a sus tíos, pero siempre hay alguno que no llama». Y eso que a la hora de las visitas «antes lo tenían peor, había pocos medios de comunicación y no podían trasladarse como hacen ahora».

La residencia cuenta hoy con 39 usuarios, atendidos por una veintena de personas: trabajadora social, enfermero, terapeuta ocupacional, fisioterapeuta, auxiliares, personal de apoyo, dos cocineras y una sustituta. Además, las habitaciones están dotadas de camas articuladas con timbres en sus cabeceras e incluso dispone de una enfermería. A pesar de todo, estos días sor Josefa anda preocupada ya que, señala, «hace falta conseguir más fondos para poder acometer la reforma eléctrica».

Lo que sí disminuyó con el tiempo fue el número de religiosas. Sor Josefa no olvida a «las tres hermanas que fallecieron en la residencia» y destaca que «hoy estamos cuatro, aunque solo permanecemos dos en activo». Tampoco se cansa de alabar a los trabajadores, a los que el día de su jubilación dijo que «he luchado mucho, pero creo que he conseguido una casa acogedora y vosotros, un empleo», aconsejándoles que miraran a la residencia «como si fuera algo suyo». Ni a miembros del patronato –«nunca me he sentido sola, siempre he estado arropada por los patronos»–, del mismo modo que trabaja con la hoy directora, sor María Jesús. «Soy feliz, estoy a gusto porque tengo muy buena relación con ella», concluye.

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