Recital Literario en la Semana de la Mujer Trabajadora (2013)

El día 8 de Marzo a la 18,30 h. tuvo lugar en el Teatro Municipal “Lope de Vega”, un Recital Literario Cultural y Musical a cargo del Club de Lectura de la Biblioteca Pública Municipal de nuestra villa, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

En esta edición, como en las anteriores, el Club de Lectura, bajo el lema: “Semblanza de Mujer”, ha participado como lo viene haciendo desde el año 2009, aportando un carácter literario a este día, donde se ha mantenido encendida la llama de la mujer “mellariense” en la poesía, narrativa, música y otras muchas facetas culturales y formativas.

El acto fue presidido por la Sra. Alcaldesa, Concejala de Cultura y Concejala de la Mujer, que presentó el mismo leyendo un manifiesto sobre la mujer trabajadora.

Las actividades programadas por el Club de Lectura fueron presentadas por Josefina Ventura, que dio paso a cada una de ellas, siendo su orden el siguiente:

En primer lugar se proyecto un vídeo realizado por Balbina López, cuyo tema central era la mujer maltratada. Seguidamente María José Robas recitó la poesía del escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, titulada “No te rindas”. A su conclusión Carmen del Río ofreció una interesante exposición con proyección, sobre la mujer, bajo el título: “El lenguaje no sexista”, donde expuso las pautas a utilizar y la mala manipulación e interpretación de terminologías en el lenguaje destinado a la mujer.

Nuevamente Balbina López deleitó a todos los asistentes con la excelente interpretación de la canción titulada “Sola”, de Diana Navarro.

Continuó la programación con un video de Miguel Bosé, que resaltaba a la mujer en todas sus facetas. Seguidamente se dedicó una nueva poesía de felicitación a todas las personas asistentes al acto, con un poema titulado “Feliz día Mujer”, que recitó nuestra compañera del club, Isabel Benavente.

Más tarde llegó la hora del cuento, donde se deleitó al público con un simpático cuento sobre la mujer, contado por Amparo Hidalgo, siendo su título: “El hada madrina”. A su conclusión Pili Paños dedicó un emotivo homenaje a su madre, allí presente, resaltado los momentos más importantes de su vida, su lucha diaria, el trabajo y los valores que como madre ha sabido ofrecer e inculcar a sus hijos, concluyendo con una preciosa poesía dedicada a ella y entregándole un ramo de flores.

Antes de terminar el acto, que duró algo más de una hora, se proyecto un corto dedicado a las mujeres más mayores, “A todas las abuelas”, que tanto amor han derrochado por nosotros.

Y para concluir el acto programado, nuevamente Balbina López dedicó una canción de Pablo Alborán a todas las mujeres presentes en el Teatro Municipal y muy especialmente a su madre, cuyo título es “Solamente tú”, que fue el broche final de las actividades realizadas por los componentes del Club de Lectura de la Biblioteca Municipal.

Como cierre del acto en el Día de la Mujer, la Banda Municipal de la villa deleitó al público asistente con tres temas musicales; obsequiándosele a todos los reunidos a su salida con un clavel por parte del Área de la Mujer del Excmo. Ayuntamiento.

El Homenaje que nuestra compañera Pilar Paños rindió a su madre en este día es el siguiente:

Componentes del Club de Lectura, junto a nuestra compañera Pilar Paños y su madre

En esta tarde estamos rindiendo merecedor homenaje a la mujer trabajadora; la mujer, eterna figura abnegada y luchadora; la mujer, sombra del hombre en otros tiempos pero que poco a poco ha sabido reivindicar sus derechos, encontrando el lugar que le corresponde en la sociedad.

Pero ha costado muchos esfuerzos lograrlo y aún hay personas que no saben o no quieren aceptar su valor, que se niegan a que la mujer sea otra cosa que una sufrida ama de casa que limpia, cocina y cuida de sus hijos; trabajos muy dignos y muy hermosos pero ingratos porque nunca fueron reconocidos en su justo valor.

Y por todo eso yo quiero hoy recordar y homenajear muy especialmente a las antiguas mujeres, muchas de las cuales podían haber sido grandes triunfadoras y no tuvieron opción a ello, no sólo por el hecho de ser discriminadas sino porque, además, vivieron en unos tiempos muy duros y difíciles.

Y como ejemplo de aquellas mujeres traigo a una persona sencilla, que siempre vivió por y para su familia, una persona que conoció de pequeña la cara y la cruz de la moneda, una persona trabajadora y firme hasta tal punto que hoy, a pesar de tener una edad considerable, sigue siendo autosuficiente; por supuesto, gracias a Dios, que la conserva físicamente bien. Esa mujer es mi madre.

Ella, como todas aquellas mujeres de su época, trabajó y luchó duramente, superando las dificultades que le tocaron vivir.

Y es que a ella en sus primeros años la vida le asestó un golpe muy duro, no sólo por las dificultades de la época sino porque el destino cruel le arrebató a su madre cuando sólo contaba nueve años. Esa fue la cruz de su moneda.

Ella nació en la aldea de Cardenchosa y sus primeros recuerdos son muy hermosos. Hija de familia numerosa, siete hermanas y un hermano, más dos que murieron pequeñitos, me cuenta que su padre se fue de guarda a una finca que se llamaba Caballeras, en el corazón de la sierra. Allí vivieron unos días preciosos, ella recuerda la unión entre vecinos, entonces había muchas familias viviendo en el campo, me relata con nostalgia aquellas Nochebuenas donde todos los de las fincas cercanas se reunían cantando villancicos y compartiendo dulces y alegría. Fueron días de abundancia económica y felicidad plena, porque no hay nada más hermoso que un matrimonio que se quiere y se respeta, rodeado de hijos sanos y felices; así recuerda ella aquellos momentos, recalcando el gran amor que se profesaban sus padres.

Pero llegó la desgracia y aquella mujer, en la cuarentena de su última hija, Petra, le puso su nombre, murió de una pulmonía.

La vida es un gran misterio que no podemos comprender y a veces ocurren cosas para nosotros muy injustas, para Dios quizá necesarias, lo cierto es que a partir de entonces aquel hogar feliz se tornó triste y desgraciado; aquel hombre, después de perder a la mujer que tanto amaba, y viéndose además agobiado con siete hijos, y solo, se hundió en una profunda pena y todo cambió.

Y aquellas niñas, asustadas y tristes, vestidas de negro de pies a cabeza, quedaron marcadas para siempre después de cuatro años de luto riguroso, de lágrimas y recuerdos de miedo y desolación.

Y cuando poco a poco iban aceptando lo inaceptable, llegaron los tremendos acontecimientos de la guerra civil.

Y de nuevo los miedos, los horrores, y un sin fin de momentos angustiosos que ojalá ningún ser humano tuviera que conocer.

Mi madre ha sido siempre una mujer muy inteligente, y la prueba es que sin haber asistido a la escuela, ni ella ni sus hermanas, por la dichosa discriminación, -ella dice que se preguntaba por qué a su hermano el varón sí lo pusieron en el colegio hasta cumplir los catorce años, siendo por ello un muchacho muy preparado para la época porque además era bastante inteligente-, no se puede explicar cómo ella aprendió a leer y a escribir; dice que juntaba las letras y así poco a poco, como le gustaba tanto leer, fue aprendiendo hasta conseguir hacerlo correctamente. Actualmente su afición a la lectura continúa, lo cual hace que sean más amenos sus ratos de ocio; estoy segura que de haber nacido en otro tiempo hubiese llegado a destacar en las letras. Ella y sus hermanas, como todas las mujeres de la época, trabajaron desde jovencitas en el campo o cualquier trabajo que en aquellos duros momentos pudiera aportar unos ingresos para la familia.

Me llama mucho la atención cuando me cuenta su historia, que lo hace muy a menudo porque le gusta mucho recordar, y, a pesar de todas las cosas negativas que tuvo que vivir, lo cuenta todo como anécdotas, sin rencor por la vida tan difícil que les tocó vivir. Cuando se refiere a su madre, que es cuando más se entristece, la recuerda como a una mujer era alta, rubia, y que las vecinas eran como hermanas para ella. Y recuerda también que su madre lloraba porque ella, de pequeña, estaba delicada de salud. Y en cuanto a los años difíciles, siempre termina diciendo: “fueron años de horrores y miedo pero ¡éramos tan jóvenes y teníamos tantas ilusiones!”.

Mi madre se casó joven, sólo tenía veinte años; con veintiuno tuvo a mi hermana Isabel.

A los cinco años vine yo y dos años después mi hermano Bartolomé.

Esos años en la aldea fueron para mí muy bonitos y sé que para ella también, casi todas sus hermanas se quedaron a vivir allí, casadas ya y con sus hijos, mis primos, por lo que pudimos disfrutar de una numerosa familia. Nunca podremos agradecerle bastante a mi madre, nosotros sus hijos, sus esfuerzos para que aprendiéramos a ser hombres y mujeres de provecho. A mi hermana y a mí, cuando salíamos del colegio, nos mandaba para que aprendiéramos a coser y bordar. Recuerdo que algunas madres, muchas veces, para que sus hijas les ayudaran, no las mandaban al colegio; ella nunca lo hizo, a pesar de que en aquellos años estaba muy delicada por un problema de tiroides que padecía. La recuerdo muy delgada, con su panera a la cabeza para ir a lavar nuestra ropa a la fuente, y con sus cántaros para buscar el agua, uno en la cabeza, otro en el cuadril, y el barril en la mano. Siempre me pregunté, cuando veía a las mujeres de esa manera, cómo no se les caía el cántaro, pero así eran entonces ellas, trabajadoras incansables; y ella, como dije antes, nunca permitió que por ayudarla perdiéramos ni un día de clase, con lo cual pudimos terminar sin dificultad nuestra formación en la escuela, complementada como dije con los oficios que eran propios en aquellos años para la mujer.

En cuanto a mi hermano, como era muy estudioso e inteligente y quería ir a la universidad, mi madre se afanó con todas sus fuerzas para que su hijo estudiara una carrera, y así fue. Él era su pasión, y la ilusión de su formación el eje de su vida en aquellos años; por eso fue muy feliz cuando mi hermano se presentó con su título universitario; de magisterio, primero, y posteriormente dos más.

Ella siempre fue una mujer de su casa, no le gustaba salir, recuerdo que cuando vinimos al pueblo tenía ella sólo cuarenta y dos años y apenas recuerdo que fuera una o dos veces al cine; ella estaba siempre en su cocina, ya le ayudábamos nosotros en la casa y tenía más tiempo libre, pero ella disfrutaba dedicándose a nosotros, esa era su vida y así se sentía feliz.

Pero la vida aún le tenía reservada una pena muy grande, la más triste y terrible de todas las que pueda padecer un ser humano, y dos años después de morir mi querido y recordado padre se fue también mi hermana cuando sólo contaba 57 años.

Tuvo que ser muy duro para ella, los padres nunca están preparados para perder a sus hijos, pero también porque esa hija, al tenerla joven, fue además su amiga, su gran compañera, una mujer por otra parte buena y generosa que nos rompió a todos el alma con su ausencia.

Pero su fuerza, una vez más, como a lo largo de toda su vida, le hizo sobreponerse y aprender a vivir con su pena en el corazón.

Por otra parte, gracias a Dios, se siente muy feliz porque tiene unos nietos buenos, trabajadores y sanos, y sé que cada día da gracias por ello y también le agradece a la Virgen algo que le ha pedido y que hasta ahora le está concediendo: vivir sin depender totalmente de los demás; aunque, lógicamente, para muchas cosas ya necesite de nosotros.

Esta es mi madre y os la he presentado en este día en el que quiero desde el fondo de mi corazón agradecerle todos sus esfuerzos por lograr que su familia fuera una familia unida y feliz, cosa que ha conseguido. Y para terminar, como llevo dentro de mí este espíritu poético que todos conocéis, le voy a dedicar un poema a ella y a todas las mujeres y madres de mi familia y del mundo entero por ese espíritu de lucha que siempre llevamos dentro de nosotras.

Madre,

llevas la primavera en tu regazo,

por eso hoy que es invierno y estoy triste

déjame reposar entre tus brazos.

Madre,

ayer alguien hirió mis sentimientos

y al ver que el mundo no me comprendía

sentí en mi corazón un gran tormento.

Pero luego,

al pensar que tú siempre me esperabas,

me olvide de la gente y sus complejos.

Teniendo tu calor no importa nada,

no importa

a pesar de que ahora eres más frágil

y eres tú la que buscas mis consejos,

apoyándote en mi para orientarte.

No temas,

aunque caiga la noche en tus cabellos

y la luna no brille en su grandeza,

aunque el sol nos oculte sus destellos

caminaremos

bajo la tenue luz de las estrellas.

Juntas hasta el sin fin del firmamento,

por nuestra hermosa y perfumada senda.

Gracias, madre, y que Dios te bendiga.

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