Una iniciativa del Proder recupera antiguas canciones de la comarca

EL FOLKLORE DEL ALTO GUADIATO

Últimamente se ha trajinado mucho con folclores, tradiciones y costumbres, y más de una vez para hacer de ellos armas arrojadizas con los que marcar diferencias entre unas regiones y otras. Y es que podríamos afirmar que el folclore, es decir el conjunto de creencias, costumbres, artesanías, músicas, etcétera, tradicionales de un pueblo, es lo que constituye precisamente la auténtica personalidad de ese pueblo, aunque habitualmente por folclore entendamos únicamente lo que se refiere a cantos y danzas populares.

Fue en los años sesenta y setenta cuando, al calor de las corrientes hippies y empujados por las primeras náuseas de la tecnología y del desarrollismo, muchos de los nuevos artistas del momento volvieron su mirada a las raíces populares, recatando del olvido su música. Se poblaron las televisiones y los escenarios de abigarrados grupos de jóvenes barbudos con camisas de cuadros y chicas de largas sayas que rascaban botellas de anís, tablas de lavar, bandurrias, sonajas panderos y toda suerte de instrumentos que no tenían nada de electrónicos. Y si el éxito de estos grupos no fue ni memorable ni duradero, sí es cierto que sembraron la semilla del aprecio por nuestro folclore, cuya secuela fue la aparición de numerosas agrupaciones que luchaban por recuperar ese patrimonio musical.

En el Alto Valle del Guadiato se han visto pocas iniciativas en este sentido, por no decir ninguna, y de hecho se desconoce realmente cual puede haber sido su riqueza musical real. Y ello porque nuestra comarca se vio abocada a la emigración, donde buena parte de su cultura tradicional se disolvió en la diáspora. Por otra parte, si en las últimas décadas, en el Guadiato, no han surgido inquietudes por preservar ese patrimonio, se debe en buena parte a la dura centralización que la Junta de Andalucía nos inflige desde Sevilla, centralización que incluye una imposición del flamenco como único folclore verdadero, cuando sabido es que los eruditos consideran que los orígenes del flamenco no se pueden situar más allá de la segunda mitad del siglo XXI.

De esta manera, frente a regiones como Galicia o Extremadura, cuyo folclore no sólo se ha preservado sino que aún se está generando, en Andalucía se soterra una colosal riqueza folclórica para hacer sitio a sevillanas y rocieras, lo único que está vivo y que hace sólo cincuenta años eran prácticamente desconocidas. En el Guadiato que por las causas citadas antes ha adolecido de una insuficiencia cultural, podemos encontrar varios coros rocieros en cada pueblo, pero no ha habido hasta ahora un deseo de poner en valor su folclore, que es de imaginar que sería tan rico como el del resto de las comarcas andaluzas.

Afortunadamente, el primer proyecto que intenta rescatar el folclore del Guadiato ya está dando frutos. Este proyecto, Identidades II, según reza su memoria, “parte de la necesidad de rescatar el patrimonio cultural y tradicional folclórico, en lo referido a canciones populares y en su presentación escénica a través de la danza en las distintas poblaciones que conforman el Valle del Guadiato”. Identidades II esta auspiciado por el programa europeo Proder, enmarcado en una actuación más amplia que pretende abordar el folclore de la comarca en su conjunto y no sólo en el aspecto musical.

Para su desarrollo, el Proder contactó con el Real Centro Filarmónico Guadiato y Sierra de Peñarroya- Pueblonuevo, donde los profesores de música, Carlos Mohedano y Rafael Romero, asumieron el reto. Evidentemente, lo primero era el trabajo de campo a base de entrevistas con asociaciones, crónicas locales centros de mayores, centros de la mujer, etc.

Carlos Mohedano lo relata así;”A principios de julio de 2003 empezamos a realizar el trabajo de campo, que consistió en visitar pueblo por pueblo y aldea por aldea todas y cada una de las poblaciones del Valle del Guadiato, entrevistándonos con la gente con más experiencia de cada pueblo. Ellos, un poco reacios al principio, nos abrieron luego encantados las puertas de sus casas, para pasar más adelante a abrirnos las puertas de sus corazones, en algunos casos nos encontramos con supuestas ronqueras en pleno mes de julio que les imposibilitaría poder cantar, o bien el supuesto olvido repentino de las canciones, fruto ello de lo que los músicos llamamos pánico escénico.

Una vez superados estos pormenores, todo fue sobre ruedas y grandiosa fue nuestra sorpresa cuando, tras varias visitas a diferentes lugares, nos encontramos con un patrimonio musical digno de todo reconocimiento”.

Una vez concluida la búsqueda sobre el terreno, y tras haber logrado recopilar más de sesenta canciones, comenzó el trabajo más técnico de la transliteración a notación musical de las grabaciones conseguidas y la transcripción de las letras, lo que no siempre resulta fácil, ya que con frecuencia se encontraron distintas versiones de una misma canción, con variaciones en la melodía, el ritmo o, más habitualmente, en la letra, por lo que hubo que optar por conseguir un resultado final que reflejase lo más fielmente posible lo que se estimaba que pudo ser la versión primitiva. Como el fin último es editar un disco recopilatorio con los temas más significativos que será grabado por el Real Centro Filarmónico, los arreglos musicales han sido hechos para cuatro voces. Para esto ha resultado inestimable la colaboración de don Marcelo Moreno, sacerdote retirado y hombre de grandes conocimientos musicales. Como acompañamiento instrumental se ha optado por mantener lo que siempre fue tradicional en nuestra comarca, es decir, la rondalla, que estará integrada por las guitarras Laudes y bandurrias del Real Centro Filarmónico, el cual en estos momentos, mantienen a buen ritmo los ensayos, esperándose que en la primavera de 2005, con unas catorce canciones, se confeccione el disco lo que marcará un hito señalado en la comarca del Guadiato.

Seguramente estas primeras actuaciones para rescatar el folclore del alto Guadiato no hayan hecho más que arañar la superficie del, tal vez importante, legado que encierra la comarca. Sin duda serán necesarias unas nuevas campañas, bien planificadas con criterios arqueológicos y museísticos, y bien dotadas de los medios necesarios para rescatar el acervo folclórico del Guadiato, porque si bien puede ser cierta la idea decimonónica de que la recreación musical del folclore y su adaptación coral enriquece a este patrimonio, también es cierto que la mejor manera de conservar esta riqueza es “congelándola” es decir, preservándola de la manera más fidedigna posible para que futuras generaciones de investigadores puedan disponer de un registro que no sólo sea atractivo estéticamente, sino qu4e además conserve todos los matices cultos e incultos que fueron acumulados a lo largo de siglos de cultura popular.

Éste ha sido un primer intento de prometedores resultados, y si bien muchas de las canciones rescatadas son carnavalescas, anteriores a la guerra civil, también se han recopilado otras tan significativas como las canciones relacionadas con los ciclos agrícolas tan propios de nuestra comarca y de otros hechos sociales. (Fco. J. Aute)

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