“El lago de leche”

El lago de Leche   –   (Somos una única raza)

Relatan en Colombia que hace mucho, mucho tiempo… cuando las personas comenzaron a existir, vivían todas juntas y eran todas iguales.

Dicen que en aquella época todas las personas eran negras, pero negras negras … o sea, negras de verdad.

Cuentan también que allí en aquel lugar donde vivían todas las personas juntas, había también un lago de leche.

El único lago de leche que ha existido en el mundo y que era blanco, pero blanco, absolutamente blanco.

Los hombres y las mujeres no conocían el lago porque quedaba un poco lejos de lugar donde habitaban, pero un día de verano que salieron a caminar con el deseo de conocer más y llegar más lejos…, sucedió algo que lo cambió todo.

Caminando, caminando, se fueron haciendo grupos: Los que charlaban del tiempo, los que contaban cuentos, los que cantaban… y fue así como un pequeño grupo de hombres y mujeres llegaron los primeros al lago de leche.

– ¡Qué bonito! – decían algunas.

– ¡Y qué blanco! – decían algunos.

Como hacía calor y tenían sed de tanto caminar, decidieron probar como sabía el agua blanca de aquel lago.

Se agacharon y metieron las manos en él.

Juntaron las palmas como un cuenco y bebieron.

Fue entonces, cuando se miraron y empezaron a reír.

– ¡Te has manchado de blanco! – exclamó un niño.

Pero una niña se miró las manos y se puso a llorar…, sus manos estaban blancas y sus bracitos negros.

Las mamás y los papás preocupados querían consolar a sus hijas e hijos, pero también las personas grandes estaban preocupadas por haberse quedado blancas y negras.

– ¡No pasa nada dijo una abuela!, si no podemos volver a ser negros, nos metemos en el lago y seremos blancos. “El color no importa”.

¡Cierto!. Y fue entonces, cuando las personas del primer grupo se lanzaron al lago.

Jugando metieron la cabeza debajo del agua… y cuando salieron eran un grupo de personas blancas, pero blancas, blancas.

Justo entonces, llegó el segundo grupo de personas negras.

Nada más llegar empezaron a reír:

– ¿Qué os ha pasado? – preguntaban divertidas.

– Nos hemos bañado en el lago de leche – respondieron las personas blancas.

Pero al mirarlo se dieron cuenta de que la leche ya no era blanca, se había teñido con el color de su piel y ahora parecía que habían preparado leche con cacao. También el segundo grupo quiso probar qué le pasaba a su piel si se bañaban en aquel extraño lago… y corrieron todos a meterse en la leche. Nadaron y bucearon, salpicaron y bracearon, y cuando salieron…

– ¡Ohhhhhh!, ¡qué bonito! – decían al mirar su piel de color moreno.

Llegaban en ese momento las personas del último grupo y miraban asombradas a sus amigas y amigos… los que antes del viaje eran iguales a ellas.

– ¿Qué ha sucedido? – preguntaban con asombro.

– Es por la leche del algo, es mágica y cambia el color de la piel – explicaban los primeros.

– ¿Nos bañamos nosotros? – preguntaban las niñas y los niños que siempre tienen ganas de ir a al agua.

– Vayamos todos juntos – dijo una niña a la que no le gustaba bañarse sin su mamá.

Y el último grupo de mujeres y hombres negros corrió a meterse en el lago, pero: con tanto juego y tanto chapoteo, la leche se había consumido y ahora apenas quedaba una fina capa sobre el suelo… era tan poco que no alcanzaba para cubrirles los pies.

Fue entonces cuando un bebé, que apenas comenzaba a caminar, se dobló sobre su pancita y tocó la leche con la palma de sus manos… todas las personas hicieron lo mismo. Ahora las palmas de sus manos y las palmas de sus pies eran blancas.

Fue allí donde comenzó la separación de las personas por colores, cada grupo continuó su viaje hacia un lugar diferente…, hasta ahora, que de nuevo nos volvemos a juntar.

¡Cuéntalo tú! (Carmen Ibarlucea – Esther Herrero) – Fundación Tremn

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