Lope vuelve a casa de la mano de los vecinos de la localidad todos a una

Cuando las tienen y éstas son heroicas, dramáticas o simplemente bien inventadas y traídas, los pueblos, aman revivir sus historias o leyendas, recrearse en ellas y sentirse nuevamente actores del drama, héroes de hechos de armas famosos, protagonistas de sonadas venganzas o escenarios vivos de algunos de los muchos, celebrados y trágicos amoríos recogidos por la historia o la literatura. Fuente Obejuna no podía ser menos; su historia supone para ella, mármoles ambos, tanto una losa como un pedestal. Una losa que gravita sobre su fama y conciencia y que nunca perimirá que su nombre se disocie del tiranicidio de hace quinientos años, y pedestal al que ella misma se aupó al rebelarse contra el tirano, pedestal que Lope de Vega elevó aún más con su Comedia famosa de Fuenteovejuna.

Está claro que Fuente Obejuna tiene una historia, lo sabe todo el mundo, lo sabe todo Occidente. Su historia se señala una y otra vez como paradigma de la lucha contra la opresión de los poderosos; tanto que, a lo largo de los tiempos, regímenes de todos los colores han querido desviar esa agua a los azudes de sus molinos, por lo que es más que natural que el pueblo de Fuente Obejuna quiera enarbolar una vez y otra esa bandera de libertad y recrearse en aquella gesta suya de hace cinco siglos. Pero claro, habiendo como hay ahora mucha escasez de comendadores malvados a los que escabechar -y además, de haber alguno, ya se cuidaría él de acercarse a Fuente Obejuna-, hubo que optar por la terapia colectiva de la escenificación del drama de Lope, que pocas son las poblaciones, Olmedo y pare usted de contar, a las cuales Lope de Vega les haya celebrado de tal manera sus crónicas.

Representar una obra como Fuenteovejuna en los mismos escenarios en que sucedieron los hechos debe de ser una gran tentación para la gente de teatro. Sin embargo, hasta nuestros días sólo tenemos noticia de tres representaciones, siendo notable la de 1935, dirigida por Rivas Cheriff, con Margarita Xirgu y Enrique Borrás. Esta representación, que oficialmente celebraba el tercer centenario de la muerte de Lope, tuvo, sin embargo, marcadas resonancias políticas y libertarias dados los intervinientes y el momento de la historia que se estaba viviendo. No menos resonancias, esta vez culturales, tuvieron las de 1956, de José Tamayo, y la de 1962, de José Osuna, que reunió a algunos de los mejores actores del momento. No hace falta abundar más en el tema porque está todo exhaustivamente recogido en el libro Fuenteovejuna lo hizo del mellariense Alfonso Fernández Mellado, cuya abrumadora labor de investigación y recopilación no es lo suficientemente reconocida.

Cuando en 1992 se comenzó a representar Fuenteovejuna de manera periódica, se decidió que se haría sin actores profesionales, siendo interpretados todos los personajes por los vecinos de la villa, que también se harían cargo de todas las demás tareas de producción, sonido, vestuario, atrezzo, etcétera. Y es aquí, cuando el por todos conocido dicho de “Fuenteovejuna, todos a una” vuelve a llenarse de significación. Cierto, todos a una y nunca mejor empleado que cuando Fuente Obejuna se representa a sí misma, dando vida a los versos de Lope. Tarea colectiva e ingente la que se acomete, tanto que precisa de la colaboración de toda la población, la cual que se entrega con ilusión y devoción a las muchas labores precisas para que todo esté a punto y en su punto en los días de función.

Viendo la representación podemos hacernos una idea de la gran cantidad de medios que son necesarios para conseguir el magnífico efecto final. Aunque los personajes con parlamento o diálogos no llegan a veinticinco, hay que acondicionar un escenario con cientos de metros cuadrados donde evolucionarán más de cien actores a los que hay que vestir con sus pertinentes ropajes medievales. Igualmente medieval tiene que ser el atrezzo, que comprende cientos de objetos como espadas, pendones, cacharrería, aperos agrícolas y hasta carros o potros de tortura. Además de los actores, por el escenario también pasarán animales, gallinas, burros y ovejas, como corresponde a un medio agrario, y caballos que cabalgan los soldados y el comendador.

Con toda esta parafernalia se entiende que, tras los más de cien actores que pisarán la escena, sea necesario un apoyo de al menos otras cien personas que cuiden de la carpintería, la electricidad, la limpieza, el vestuario, el sonido, la iluminación… Nunca faltan voluntarios para nada en esta empresa común de volver a hacer justicia contra las tropelías de los poderosos en la figura del comendador Fernán Gómez de Guzmán. Es difícil, sin haberlo vivido, comprender el espíritu de empresa común que recorre Fuente Obejuna cuando comienzan los preparativos de las representaciones. Desde julio, mes en que comienzan los ensayos, en todo el pueblo hay como un zumbido de colmena que trasluce la laboriosidad de sus moradores, que por algo será el que las abejas figuren en el escudo de la villa.

A veces son familias enteras las que participan en la representación, como fue el caso de Agustín Martín, el actual alcalde, que más de una vez ha actuado como pueblo junto con su mujer, que hizo de Pascuala, y de su hija que, con apenas unos meses y tras quitarle el chupete también apreció. El alcalde, que ahora participa cantando en la coral, nos dice que “el máximo deseo de Fuente Obejuna y de su Ayuntamiento al completo es que en esta próxima representación de agosto de 2006 todo salga bien, lo que está asegurado porque se ha mejorado mucho en todos los aspectos, contamos con más medios y la gente está más entregada que nunca”. La coordinación general del evento se lleva desde el propio consistorio, implicado en todas sus áreas, desde Tesorería a Obras Públicas, aunque como es lógico, cobre un papel más destacado la de Cultura, que en este mandato ostenta Jesús Cabezas, quien además de atender lo que es la representación en sí, organiza también una serie de actividades paralelas que completan al evento principal, como el mercado medieval que instalarán los comerciantes locales o una convivencia de grupos de teatros aficionados.

Con todo, el reto más importante que han asumido el Ayuntamiento y su Área de Cultura ha sido el darle carácter bienal a las representaciones, alejándolas de los años electorales, para que todos los esfuerzos concurran únicamente en la representación en sí.

Para este 2006 uno de los personajes cumbre, el de Laurencia, detonante a su pesar de toda la trama, será interpretado por María José Cortés, presente en la obra desde 1992 cuando sólo contaba con quince años. Se siente orgullosa de protagonizar a Laurencia, la mujer que levantó al pueblo en 1476, porque “esto no es teatro, es otra cosa muy superior, porque ser mujer y hacer de Laurencia en Fuente Obejuna es algo que hay que vivirlo para entenderlo”. Por el contrarío, quien encarna a Frondoso, el primer mellariense que tiene arrestos para enfrentarse al comendador, César Moya, por su juventud tiene aún poca experiencia en estas lides; previamente había actuado como Barrildo, pero sus cualidades le han valido ser el galán de la obra en esta edición. Si Laurencia es el personaje más carismático, detonante de la múltiple tragedia y acicate de las masas, no cabe duda de que el comendador de los calatravos es la figura en torno a la que se desarrolla la tragedia y, desde la última edición de 2004, está representado por Manuel Alcalde Núñez, que curiosamente no es de Fuente Obejuna sino de Peñarroya-Pueblonuevo, lo que supone una particularidad única en el conjunto del elenco. Manolo Alcalde, que ya tenía una larga vocación teatral desde su adolescencia, ha sido escogido como actor por tres veces en el casting previo que realizan los directores de la obra, y las dos últimas como comendador, lo que acredita su valía artística; pasó un periodo agridulce de adaptación hasta que todos aceptaron que, pese a no ser mellariense, Manolo Alcalde era un gran actor y un magnífico comendador. Lástima que los medios de comunicación de Peñarroya no hayan sabido valorar esta pica en Flandes que Manolo ha sabido poner con su valía.

Los tambores ya redoblan anunciando las inmediatas representaciones de Fuenteovejuna en sus escenarios originales en este agosto de 2006, y será nuevamente un éxito porque lo ejecutarán los mellarienses que tienen una abeja en su escudo y a su escudo en el corazón.

‘Fuenteovejuna’ 2006

En esta edición de Fuenteovejuna de 2006, que tantas novedades aportará, la responsabilidad artística está a cargo de Emilio Goyanes, madrileño afincado en Granada, de larga trayectoria teatral como actor y dedicado a la dirección desde 199^. Aparte de sus numerosos premios y reconocimientos, sus trabajos últimos están Iigados a la compañía Laví e Bel, que ya es casi un clásico en el actual panorama teatral.

Emilio Goyanes, que se enfrenta por primera vez con una representación como ésta, manifiesta sentirse impresionado por el tamaño del escenario, la plaza Lope de Vega, donde está ubicado el Ayuntamiento, y por la cantidad de gente que puede hacer discurrir por él. Aun así, entre sus retos está el ampliar el número de actores en escena o el cargar las tintas en detalles que hasta ahora habían pasado por intrascendentes, como son las bodas de Laurencia y Frondoso, para las que tiene pensado un sincretismo de ritos de las distintas culturas que convivían en la época.

Con todo, Emilio Goyanes entiende, muy acertadamente por cierto, que es hora de volver a la situación en que, hace poco más de cien años, el teatro era sólo eso, teatro-teatro, es decir, una convención entre el público y los espectadores de que lo que se va a ver es sólo una representación en la que los actores relatan o escenifican un hecho, y que nadie tiene que creerse, ni siquiera los actores, que de verdad allí están matando al comendador.

EI éxito de Fuenteovejuna 2006 está asegurado, vayamos todos a una. Lo merecen y nos lo merecemos. (Fco. J. Aute)

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