Categoría: Escritores Mellarienses

En esta sección se ha recopilado una pequeña antología literaria de nuestro poetas “melarienses”; tomando de cada uno de ellos una poesía.

Rafael Gómez Rivera

Campo arcón forrado

de encinares. En su esquina

más tibia, una candela.

El contraste

de invierno dibuja sus fantasmas.

Los leños van pasando suavemente.

Una silla de enea, unas tenazas,

aceite de un candil para las sombras.

Y entonando los tiempos

un gato de misterio con mi nombre.

 

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Juan Francisco Cano Vázquez

AMOR SINCERO A NUESTRO PRÓJIMO

 

Es excesivo amor

que a sí propio nos tenemos

y echamos nuestras culpas a otros

de faltas que cometemos.

 Debemos ser comprensivos

al juzgar a los demás

y así estaría nuestra conciencia

mas complacida, y en paz.

 Procuremos cumplir bien

con los preceptos cristianos

que nos dicen: habéis de amar

al prójimo como hermanos.

 Deber, que es placer cumplido

sana ilusión agradable

que a veces parece duro,

pero al final, siempre amable.

 

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Manuel Murillo Caballero

EL GUERRERO VENCEDOR

 

Tengo un castillo que desafía el viento,

vasallos, que a mi poder se inclinan,

de las mujeres, tengo sus amores,

del cielo, las estrellas que lo iluminan.

Poseo el furor, el poder y la fuerza,

el enemigo ante mi furia se aterra,

tengo briosos caballos de sangre y pureza,

y titánicos lanceros para la guerra.

El mundo me rinde pleitesía y honores,

en el fragor de la lucha soy conocido,

mi blasón y mi estirpe es de héroes,

el león de mi escudo yergue enfurecido.

 Siempre fui indómito en reyertas y peleas,

vencedor implacable en desafíos,

nadie me venció en mis quimeras,

ni en amores, ni en amoríos.

 Hoy… gime mi altanera raleza

por un amor desconocido,

por unos ojos, se derrumban mi fortaleza

una dama, ha conquistado mi poderío.

Y entre los hierros del vil amor

mi altanería se diluye y mis bríos,

por unos ojos de tigresa fementidos

arcabuz; que me han desposeído

en una batalla que creí siempre mía

sin contar con la traición de Cupido.

 

 

 

EL LOCO ORADOR

 

Un loco le dio por manía

dar discurso todos los días,

y en su desequilibrada oratoria

voces sin ton ni son argüía,

más los que le oían

ignorantes del demente

enfervorecidos aplaudían

al parlamentario “excelente”.

Todos atónitos le escuchaban

sin asimilar nada por obtusos

pero con ardor le proclamaban

en sus delirantes discursos.

Como es de comprender

sus mentes quedaron desequilibradas

de oír tantas soeces y desaciertos,

porque en verdad es cierto

lo que dice el refrán:

“Que un loco hace ciento”.

 

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