Un reto: vivir del teatro

Representa la obra ‘Era el amor como un simio y viceversa’, de Enrique Olmos, antiguo alumno de la Fundación Antonio Gala

Luismi Molina Rincón apenas había finalizado sus estudios de Bachillerato cuando, aconsejado por su padre, decide matricularse en la escuela cordobesa de Arte Dramático. Es abril del 2002 y antes de comenzar sus estudios el joven ya encuentra trabajo en una compañía teatral. En el 2008 consiguió ser titulado superior, tras compaginar sus estudios con especialidades como la esgrima escénica, en la que se formó con Federico Vergne, Jesús Esperanza y François Rostand; o el entrenamiento actoral, de la mano del director del Centro Dramático Nacional, Ernesto Caballero.

Un buen día conoció en Córdoba a Enrique Olmos de Hita, que realizaba su estancia en la Fundación Gala, y entabló con él una buena amistad. Molina Rincón estaba entonces en tercero de carrera y por aquel entonces «no sabía que era uno de los grandes dramaturgos mexicanos y lo traté como a alguien anónimo». Ahora, fascinado por su currículo, subraya que «es uno de los autores que se van a estudiar y me ha regalado lo mejor que he hecho en teatro». Se refiere a Era el amor como un simio y viceversa , obra que se representa hoy a las 21.30 en el teatro municipal de Fuente Obejuna, con la que Olmos de Hita obtuvo el premio Marqués de Bradomín en el 2011. Se trata de una crítica «visionaria», pues fue escrita en el año 2006, de lo que está sucediendo hoy en la sociedad «para cambiarlo», afirma el actor.

Con ella, y bajo la dirección de Martín Acosta, Luismi Molina, Gladys Guzmán e Izaskum Barroso han pasado por una decena de ciudades mexicanas como la propia capital, Ciudad Victoria, Puebla o Reinosa; y otras españolas como Madrid o León, gira que retomarán de nuevo en el país mexicano en abril.

Este mellariense también ha trabajado con actores de la talla de Aitana Sánchez Gijón o con Plácido Domingo, con el que fue especialista en esgrima en Cyrano de Bergerac . De él destaca «su transformación en el escenario. Es una persona mayor que a veces tiene que realizar un esfuerzo, que está hablando de cualquier tema contigo entre bambalinas y, de repente, sale a escena y se transforma en su personaje».

Hace una década que Luismi Molina no actúa en Fuente Obejuna, pero la casualidad ha querido que sea un día después del vigésimo aniversario de la inauguración de su teatro. Como la mayoría de los actores, preferiría que su profesión contara con más apoyos institucionales. Su ilusión más cercana es «montar otro texto de Enrique Olmos».

El actor no olvida sus comienzos como aficionado en La Tramoya de Fuenteovejuna, grupo al que agradece su colaboración en el montaje de Era el amor un simio y viceversa , afirmando que «me encantaría dirigir alguna de sus obras y, naturalmente, siempre seguiré colaborando con ellos –esa compañía es mi casa– y también lo haré con mi pueblo». La meta de Luismi, «vivir del teatro».

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